Ruidos fantásticos

28/12/2008

En una entrevista reciente, Ben Burtt (creador de las voces de Star Wars, E.T. o Wall.e) desvela cómo nacen los sonidos de algunos de los personajes del cine, sonidos que integran las bandas sonoras de las películas.

El diseñador de sonido y ganador de cuatro Óscar lleva 30 años inventando cómo suenan lugares y personajes imaginarios. Siempre lleva una grabadora en el bolsillo, de la que han salido los ruidos de R2D2, el látigo de Indiana Jones o el siseo de Alien.

 

 

Para crear el sonido y el lenguaje de R2D2, el quión especificaba que sus pitidos debían sonar al lamento de un niño. Grabaron decenas de bebés, pero no resultaban creíbles. Finalmente, se basaron en las imitaciones que los adultos hacían.

Uno de sus casos más complicados fue hacer que E.T. roncara cuando cae enfermo. Burtt se dio cuenta de que la solución estaba en su casa. Grabó a su mujer (que en ese momento padecía gripe) mientras dormía, y ella se conviertió en en entrañable extraterrestre.

Su último reto ha sido poner sonido al universo del robot Wall.e, en una película en la que durante 40 minutos no hay diálogos. Tres años de trabajo y la ayuda de la informática han hecho posibles el éxito de este proyecto. Sólo para la voz de Wall.e usó más de 2.600 sonidos, entre los que se incluyen patitos de goma, silbatos, maquinillas de afeitar, muelles, un ‘punch’ de boxeo e incluso la propia voz de Burtt. Una vez que conseguían el ruido base, grababan su voz con la entonación humana que tendría, para luego aplizar las curvas sonoras. Así podían expresar la tristeza o alegría del robot.

La ciencia ficción para este diseñador no está tan lejana. Sólo hay que prestar atención a los ruidos que nos rodean y ponerles ritmo o tono adecuados. Poca tecnología y mucha imaginación.

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Un clásico que no puede faltar en la colección de un cinéfilo. Película que forma parte de la Historia del cine. Banda sonora que le hace honores.

El compositor de esta maravilla es Henry Mancini (1924-1994). Con esta aportación se marcó un antes y un después en la manera de componer una bso para un filme. Mancini incorporó a la música cinematográfica la influencia del jazz, del rock´n´roll más genuino, de la “bossa nova” y de otras vertientes populares de la música. Con estos elementos como base, el autor impregna a la composición de un aire melancólico y sofisticado que enriquece de una manera extraordinaria toda la obra. Es el caso de la archiconocida Moon River.

Curiosamente, este no es el tema principal de la película, sino Breakfast at Tiffany’s (que da nombre al filme). Sin embargo, Moon River consiguió ascender y hacer sombra al resto de composiciones, sin que esto signifique que fueran de una calidad inferior. La razón se podría encontrar en su aparente sencillez (utiliza una guitarra clásica y una armónica, que dan paso luego a los violines y un coro mixto) y su capacidad de sugestión, de melancolía, de romanticismo.

Mancini ideó el Moon River basándose en la protagonista Holly Golightly, en su anhelo de encontrar su lugar en el mundo y la nostalgia por un tiempo pasado. El compositor declaró que econtró su inspiración en los ojos de Audrey Hepburn. Unos de los momentos más conseguidos de la película es la versión de la canción cantanda por la misma Hepburn, apoyada en el marco de una ventana.

Por derecho propio, Desayuno con Diamantes es un clásico imperecedero y una de las bandas sonoras más brillantes que se han creado en el mundo de la comedia romántica.

Recién estrenada de cara a la campaña de Navidad, la BSO de Madagascar 2 no defraudará a los fans que disfrutaron viéndola en la gran pantalla.

Se trata de uno de los casos más señalados en los que la banda sonora brilla más que la película. Ya es imposibe separar el “I like to move it” (traducción al español: “Yo quiero marcha”), canción de Real2Real de 1993, de esta saga.

Hans Zimmer, el compositor de gran renombre y ganador de un Óscar, es el encargado de poner la nota musical a esta película. Se permite una juguetona partitura con más toques electrónicos que su predecesora. Además rinde un simpático homenaje al maestro italiano Ennio Morricone. Colaboran voces famosas de la talla de Will.i.am, líder y productor del grupo The Black Eyed Peas, que además de interpretar cuatro canciones (“The travelling song”, “Big and Chunky”, “She loves me” y “Best friends”), da voz al personaje de Moto-Moto. Mismo reparto que en la anterior película, con Ben Stiller, Chris Rock, David Schwimmer y Jada Pinkett Smith como los protagonistas.

Tráiler de la película con su famoso “I like to move it”, ejecutado y versionado por Will.i.am:

El sonido complementa, integra y potencia la imagen visual. Su incorporación al mundo del cine provocó un gran salto expresivo, además de que contribuyó al realismo.

La Banda Sonora (B.S.O.) condiciona la forma en que percibimos e interpretamos la imagen. Imágenes iguales pueden entenderse de forma distinta si cambiamos su BSO.

Por su relevancia y el peso que tiene dentro de una película, es conveniente precisar qué elementos componen una banda sonora:

La palabra. Su forma más frecuente es el diálogo, además de otras aplicaciones como son el comentario o voz en off y los monólogos. Tiene gran poder significativo en la imagen audiovisual.

La música. Por su fuerza evocadora, la música se asocia a la imagen para crear el ambiente conveniente, exponer situaciones sin explicación verbal, dar fluidez al desarrollo de los acontecimientos, reforzar los sentimientos que se desean transmitir o enlazar planos o secuencias.

Efectos sonoros o ambientales. Contribuyen a la sensación de realismo. Los ruidos subrayan la acción y evocan la imagen.

Silencio. Forma parte de una banda sonora bien como pausa (entre diálogos, ruidos y música) o bien como recurso expresivo propio (para provocar dramatismo, angustia, etc). En ocasiones, el silencio puede ser más expresivo que la palabra o el soporte musical.

De estos elementos, lo que las industrias comercializan es la música o sonido no diegético. En muchas ocasiones, ésta se convierte en el elemento más identificativo de la película.